perdidos en altamar

Los niños tienen esa increíble capacidad de joder con nuestra percepción del tiempo. Con solo mirarlos se nos viene encima el peso de los años. ¿Cómo fue que alguna vez nosotros fuimos tan pequeños y ahora somos los padres de estas criaturas? La vida nos comienza a pasar la cuenta. Ya no nos queda tanto tiempo. Si Dios nos lo permite, nos iremos de este mundo pero quedarán nuestros hijos.

Sin embargo, en otras oportunidades nos hacen viajar hacia atrás en el tiempo. Gracias a ellos somos niños una vez más. Estábamos en el jardín con Takashi Benito y Kenzo Agustín. Takatan se tiraba una y otra vez por el resbalín mientras Kenzo se escondía en una caja de cartón y jugaba a desaparecer. Me metí en la caja con Kenzo y le dije a Takashi que estábamos navegando. ¡En un gran barco! ¡Sumergidos en las desconocidas profundidades del mar! Los ojos de Takashi brillaron de emoción y abrió su labios en asombro. “¡¡¡Haaa!!!” me gritó. Y luego, la sirena del barco. No había vuelta atrás. Estábamos mar adentro y teníamos que volver sanos y salvos a tierra. Con cautela comenzamos a girar nuestra embarcación. ¡Cuidado! Se aproxima una tormenta. Hay que remar a toda velocidad. Uno, dos y tres… los bracitos de Takashi se movían para llegar a puerto y salvarnos.  Kenzo Agustín no quiso afrontar la realidad. Siguió desapareciendo en su imaginación mientras su hermano mayor llevaba el peso de la gran travesía. El tiempo se detuvo y por un minuto pensamos que todo estaba perdido. En eso, las nubes comenzaron a despejar el camino y finalmente apareció el sol. Ahí estaba, frente a nuestros ojos, ¡tierra firme! Con el último esfuerzo dirigimos el barco hacia la playa. ¡Takamarino fue nuestro héroe! Gracias a su esfuerzo llegamos de vuelta a casa…

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