árbol del abc

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Un clásico de clásicos con los chicos es el ABC. Ningún niño, en ninguna parte del mundo, está exento de aprenderse el abecedario si recibe un mínimo de educación formal.

Debo admitir que Benito aprendió el ABC en inglés solo. Cuando tenía cerca de dos años y medio, se me ocurrió preguntárselo con unas flashcards del autor Eric Carle que mi marido había comprado hace poco. Para gran sorpresa mía, prácticamente conocía todas las letras.

Pero no todos los hijos son iguales (¡a Dios gracias!), por lo que de todas formas debo encontrar la fórmula para que poco a poco mis pequeños más pequeños se vayan familiarizando con las letras. Y, de pasada, lograr que Benito no olvide lo que ya aprendió.

La idea del árbol del ABC salió de “The Giant Encyclopedia of Art & Craft Activities”, aunque debo admitir que lo modifiqué bastante. Digamos que por ahí va la inspiración.

Una noche, mientras los chicos dormían, me puse a pintar en un pedazo de cartón. Nada muy elaborado, pero traté de escoger colores y temáticas que pensé podrían llamarles la atención. Así nació el árbol y su arcoíris. Cuando los chicos despertaron a la mañana siguiente y vieron el árbol se llenaron de intriga. Benito, mi fiel ayudante, colaboró magníficamente con lo que vendría a continuación: pintar con plumones las letras de madera (compradas en el supermercado). Una vez finalizado eso, le pusimos cola fría a la parte de atrás de las letras y Benito las pegó en el árbol.

Luego jugamos con Benito. Yo le decía una letra en particular y él la buscaba en el árbol.

Agustín aún no tiene mucha noción del ABC, pero le llamó la atención el árbol, por lo que se acercó y me preguntó qué significaban esos símbolos. Sólo con eso siento que se alcanzó el propósito de esta pequeña pero entretenida actividad.

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Para complementar, hice partícipe al libro “Chicka Chicka Boom Boom” de Bill Martin Jr y John Archambault. Los niños se rieron escuchando el abecedario con rimas y palabras sin significado pero divertidas de pronunciar.

windsocks

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Aún no hemos querido empezar una educación excesivamente formal en casa. Creemos que los chicos están muy pequeños para exigirles un rendimiento medido. Pero también vemos que Benito ya tiene 4 años y que por naturaleza interna comienza a explorar y a cuestionarse ciertas cosas. De más está decir que como mi marido trabaja, quien está día a día con los chicos soy yo.

Mi experiencia con niños y en el área de educación es nula, por lo que he decidido buscar ayuda. En Amazon encontré unos maravillosos libros titulados “The Giant Encyclopedia of…” y aquí la lista es amplia. Hay desde temáticas de matemática, ciencia e incluso arte. Para quienes se interesen, hay algunos libros centrados en actividades grupales. Lo bueno es que son actividades creadas por profesores y que han puesto en práctica en sus salas de clase.

Pues bien, del libro “The Giant Encyclopedia of Art & Craft Activities” hicimos nuestra primera actividad. “Windsocks”. La idea central de esta aplicación artística es que los niños tomen noción del aire y puedan jugar con él. Agustín, Francisco y Pío aún están muy pequeños para concentrarse mucho tiempo, por lo que generalmente duran un par de minutos y luego se van a jugar con alguna otra cosa. Pero Benito realmente lo disfrutó. Después de terminar la actividad estuvimos mucho rato en el jardín. Benito estaba maravillado por el movimiento de su windsock mientras corría tirando de él. Después los colgamos afuera y todos disfrutaron viendo cómo se movían. Finalmente decidí colgar el windsock de Benito en la sala de juegos para que los chicos puedan ver su movimiento cuando abrimos las ventanas sin que se estropee en el exterior.

¿Qué se necesita para hacer un windsock?

Cartulina

Papel crepé

Cinta adhesiva

Hilo

Perforador

Pegándolo con cinta adhesiva, se hace un cilindro con la cartulina (recomiendo que no sea un cilindro muy largo para que los niños puedan correr con ella sin que tope el suelo).

Luego se cortan tiras de papel crepé y se le pegan con cinta adhesiva a un lado del cilindro.

Al lado opuesto de las tiras, se hacen dos perforaciones (una frente a otra) para ponerle el hilo y así el niño pueda darle movimiento a su windsock.

Después de eso, ¡a jugar!

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Como nota aclaro que Benito, a sus 4 años, no es capaz de hacer esta actividad solo. Necesitó ayuda cortando la cartulina y el papel crepé. La decoración de su windsock la hizo solo y prácticamente pegó solo las tiras de papel crepé con cinta adhesiva. Lo que siempre intento cuando los niños hacen estas cosas es que se sientan lo más partícipes posible.