santiago

cordillera

Jamás pensé decirlo, ni menos aún sentirlo: extraño Santiago. No deseo sus tacos, ni su estrés, ni la prepotencia o violencia de la gente, tampoco busco el ritmo acelerado de los santiaguinos (a quienes siempre andan apurados, ni las 24 horas del día les alcanza para hacer todo lo que tienen que hacer en un día.) No, todo eso se lo dejo a la capital. Pero hoy, por esas casualidades de la vida, vi una foto de mi ciudad natalicia, esa misma que me albergó por casi 30 años, y la extrañé. Deseé estar en sus calles y recorrerlas tranquilamente. Caminar con mis chicos por mis barrios favoritos y mostrarles el mundo que fue de su madre. Andar sola y meterme en esos deliciosos cafecitos escondidos de providencia. Dar unos pasos y entrar a las librerías, las mismas en las que durante tantas horas me perdía saboreando un libro tras otro y deseándolos todos. Subirme al metro tranquila, perderme sin temor en las pequeña calles que a veces alivianan el ruido de la ciudad. Saber dónde pisan mis pies. Sentir, una vez más, que las calles son parte de mi piel y poder desprenderme de una vez por todas de este sentimiento de extranjera. No tener que pensar hacia donde voy, porque mi cuerpo ya se maneja solo. Y si me toca andar en automóvil, no tener que acarrear un mapa a mi lado porque tengo la certeza que mi sentido de orientación y mi conocimiento de la ciudad me sabrán guiar aún si me meto a una calle desconocida. No logro sentir la ciudad de Concepción como mía. Creo que jamás lo haré. Sus calles son poco amables y aunque agradezco estar viviendo en un hermoso barrio, lo cierto es que esta ciudad dista mucho de ser bella. Si tomo una calle equivocada me pierdo, me desoriento y me siento totalmente vulnerable. En ocasiones se me ha dado la oportunidad de salir a relajarme y disfrutar de unas horas en soledad o con uno de los chicos y simplemente no lo hago. No sabría qué hacer ni a donde ir. ¡Qué añoranza por lo conocido! ¡Qué melancolía todas esas caminatas que jamás pensé en valorar porque se me hacían tan obvias y naturales!