¿el síndrome de einstein 2?

photo-1

Hace más de un año (específicamente marzo de 2013) escribí sobre el “Síndrome de Einstein” y sobre las características que Benito compartía con los chicos que el autor Thomas Sowell ha denominado “late talkers”. En ese entonces me devoraba la incertidumbre y el temor. Incertidumbre por no tener certeza si mi hijo tenía algún “problema” y temor por no saber si realmente estaba haciendo lo mejor por Benito. Mi marido siempre se mantuvo tranquilo y tenía la certeza que el pequeño hablaría cuando estuviera listo. Pues bien, debo admitir que para mí no era tan obvio y que incluso tenía pesadillas con las innumerables posibilidades de problemas que Google me señalaba que podía tener mi hijo o, en el mejor de los casos, soñaba con su voz imaginaria y despertaba llorando al darme cuenta que lo que había oído no era real.

Pero esa travesía no fue sólo dificultad. Como ya lo he dicho, siempre conté con el apoyo y sabiduría de mi paciente marido. Sus palabras, consuelos y tranquilidad eran mi respiro en los momentos de desesperación. En ese revuelo de emociones también me topé, aunque sólo fuera virtualmente, con otros padres que estaban atravesando por lo mismo. Aunque ni ellos ni yo teníamos respuesta a nada, era reconfortante escucharnos y saber que nuestros hijos no eran los únicos niños que sin padecer ningún trastorno conocido simplemente no hablaban.

El camino que Benito nos ha hecho atravesar como familia ha sido, a lo menos, interesante. Por lo mismo, quise hacer una actualización de cómo ha ido su evolución lingüística. Hoy tiene 4,5 años. Es un niño alegre y cariñoso. Tiene un vasto interés por aprender de todo lo que sus padres le muestren. Para dicha de su madre (y su padre también), tanto a él como a sus hermanos, les encanta la literatura.

¿Y el habla? Pues bien, pasado su 4to cumpleaños (marzo 2014), comenzó a soltar un poco la lengua. Aún está lejos de la norma para un chico de su edad. Pero es un niño que logra decir las cosas que realmente le importan. Habla de manera tranquila, sin presiones ni insistencias. Gracias a los consejos de mi marido, incluso ha desarrollado su propio lenguaje. Para asombro de nosotros, a ratos le da rienda suelta a su lengua y comienza a hablar en su dialecto personal. Sí, obviamente no le entendemos nada de nada. Pero el punto es que veo que se siente tranquilo siendo él. No tiene miedo a manifestarse frente a sus padres al punto de compartir con nosotros su mundo interior.

Finalmente se ha ido el temor y la incertidumbre que alguna vez me devoró. No es un tema si está al día o más atrás que los niños de su edad. Lo importante es que Benito es un niño sano. Después de todo, el fin no es que mis hijos sean iguales a los hijos del vecino. Lo que realmente quiero es que sean felices y que logren desarrollar todo su potencial de acuerdo a quienes son. Logrando eso, el resto viene por añadidura.

Por si a alguien le interesa, dejo el link de la entrada anterior sobre “late talkers” ya que entrega más detalle respecto a las características de estos niños. El link aquí.

Advertisements

¿el síndrome de einstein?

photo

Finalmente he recuperado mi computador. Después de días sin tener cargador (a causa de una extraña desaparición de éste de mi hogar), mi marido optó por solucionar el problema comprándome uno nuevo. Así que ahora estoy nuevamente conectada.

Después de todo, vino una fonoaudióloga a ver a Benito. Estuvo dos tardes con él en nuestra casa. Aprecié sobre todo su paciencia y disposición. En ningún momento violentó al pequeño y se acercó a él sólo en la medida en que él lo permitía. Todo eso hizo que mi pequeño entrara en confianza con ella y estuviera dispuesto no sólo a jugar con ella si no que también a responderle su test de comunicación.

Resulta que Benito es un niño alegre, cariñoso, con un amplio vocabulario y un nivel de comprensión acorde a su edad. Pero, por alguna extraña razón que ni la fonoaudióloga fue capaz de encontrar, no habla. Hace sonidos y usa un par de palabras que dependiendo de su tono pueden significar distintas cosas. Se hace entender y entiende todo lo que se le dice. Es capaz de entender dos idiomas, se sabe el alfabeto completo en inglés, tiene grana capacidad para armar puzles y una memoria asombrosa. De acuerdo, la fonoaudióloga no pudo percibir todo esto, pero sí lo de que tiene un amplio vocabulario y una buena comprensión junto con su afectividad y alegría. En su diagnóstico admitió que tuvo que investigar porque le parece extraño que alguien como Benito a los 3 años aún no hable (fue ahí cuando me mencionó que Einstein se demoró años en hablar). Sus teorías son que: a) No habla porque no quiere (mutismo selectivo… aunque le extrañó que no hablara ni con su madre), b) No habla porque tiene algún trauma que psicológicamente le impide hablar o c) Es tan perfeccionista que está esperando a hablar perfecto para hacerlo.

Las 3 teorías, pensando en mi hijo, me hicieron sentido cuando me las dijo. Así que se me ocurrió “googlear” dos palabras: “late-talker”. Fue ahí cuando me topé con un libro de Thomas Sowell, un economista que no sólo ha escrito sobre libros de su área sino que también escribió “Late-Talking Children” y “The Einstein Syndrome”. Todo partió cuando Sowell, quien tiene una columna en un diario norteamericano, escribió sobre su hijo cuando éste se graduó de la universidad. Resulta que su pequeño no empezó a hablar hasta los 4 años. En su momento se le hicieron todos los exámenes pertinentes para descartar algún problema y resulta que nada malo había en el pequeño. Finalmente John, el hijo de Sowell, no sólo habló sino que se destacó en áreas como el ajedrez y las matemáticas, graduándose en Ciencias de la Computación sin ningún problema. Esta columna hizo que numerosas familias que estaban en la misma situación con sus hijos le escribieran. Así fue dando vida a los 2 libros en cuestión. De más está decir que me los devoré y que he encontrado grandes similitudes entre Benito y los niños descritos en los libros. Esto me ha traído cierto grado de tranquilidad (por supuesto que la incertidumbre siempre deja espacio para las incógnitas).

Según Sowell, los niños que hablan tarde (sin tener otros problemas como sordera, autismo, retardo, etc.) suelen tener algunas características en común:

  1. Tienen familiares cercanos dedicados a las ingenierías o música (en Benito, dos tíos maternos, sus dos abuelos maternos y su abuelo paterno se especializan en ingenierías. También un tío materno ha tocado la guitarra desde pequeño y su abuela materna tocó el piano cuando niña. Tiene otros parientes que están ligados al área de la ingeniería y/o música pero no son tan directos).
  2. Son niños muy buenos para los puzles y tienen buena memoria (ambas cosas presentes en Benito).
  3. Les gusta la música (no sé en cuanto a tocar instrumentos pero sí puedo decir que disfruta enormemente “Fantasia”).
  4. Son niños buenos para la computación (así es).
  5. Sus padres tienen estudios universitarios y en algunos casos alguno de ellos o ambos pueden tener un PhD (cosa que también está presente en la vida de Benito).
  6. Son niños buenos para la música y/o los números (debo admitir que no lo he podido comprobar ni descartar aún).
  7. Cuesta enseñarles a ir al baño, generalmente lo hacen después de los 3,5 años (totalmente comprobado, con 3 años se pone a llorar si le muestro un calzoncillo, aún si tiene sus figuras favoritas).
  8. Son niños sensibles y poco sociables (ambas cosas están en Benito).
  9. Tienen una inteligencia sobre el promedio (no le he hecho ningún test de IQ a Benito).
  10. Generalmente son niños varones (bueno, Benito lo es).
  11. Suelen ser testarudos (no creo que Benito sea excesivamente tozudo, ¡gracias a Dios!).

Bueno, al menos esas son las características que se me vienen a la mente. Quizás he dejado alguna en el tintero (de ser así volveré a este escrito y lo añadiré). Por supuesto que no tengo una bolita de cristal y no sé cómo terminará desarrollándose Benito. No veo que su falta de lenguaje sea un impedimento para su felicidad (salvo en contadas ocasiones en que se desespera porque no se da a entender). Siento que es un niño afectivo que da y le gusta recibir amor. Juega, comparte y pelea con sus hermanos. Como cualquier niño, a veces se porta bien y en otras ocasiones no tan bien. Lo cierto es que veo que es un niño totalmente normal salvo en el área del lenguaje. Ha sido un respiro ver que hay otros niños como Benito. En ocasiones me desesperaba porque todo lo que encontraba relacionado al tema eran niños autistas (en todas sus formas, desde asperger hasta autismo propiamente tal), y aunque habían ciertas características comunes a Benito con estos niños, en su totalidad no sentía que él encajara en ninguna de estas categorizaciones. Con mi marido le hemos dado algunas vueltas y por ahora no pondremos al pequeño en terapia. Esperaremos un poco más a ver si poco a poco él se va soltando y permite que su cuerpo haga lo que tiene que hacer para articular las palabras. Y, quizás lo más importante, pedirle a Dios que nos de la fuerza y capacidad como matrimonio para saber apoyar a Benito en este desafío que nos ha presentado como padres.