el milagro de una vida

flor

Resulta que tengo poco más de 10 semanas de embarazo. Esta vez, para evitar los “falsos-positivos” me hice una ecografía. Vengo saliendo de la consulta de mi ginecólogo y hablamos sobre el fenómeno del test de embarazo que salió malo. Su teoría es que efectivamente estaba embarazada pero tuve un aborto natural cuando el bebé estaba demasiado pequeño. Una pérdida. Una vida que se fue. Creo que jamás tendré la certeza respecto a qué pasó realmente. Sí, los tests de embarazo, aunque no sea habitual, pueden arrojar resultados falsos. Y sí, también puede ser cierto que tuve una pérdida y que, tal como afirmó hoy el médico, no tengo 4 sino que 5 embarazos en mi cuerpo. De lo que sí tengo certeza es que Dios siempre actúa en su perfección. En ese supuesto embarazo estaba en un tratamiento odontológico que me tenía tomando 2 antibióticos, antiinflamatorios y sacándome entre 1 y 2 radiografías a la semana. Nada muy prometedor para un embarazo.

Por ahora a rezar por esa posible vida que se fue, por mis 3 hermosos hijos, por el dulce porotito que viene en camino y porque con mi marido siempre tengamos la capacidad de mantenernos unidos y cerca de Dios sin importar los caminos que tengamos que atravesar. A veces se nos olvida agradecer por los milagros que Dios hace a diario en nuestras vidas.

3 caballeros medievales y un misterio

3 caballeros medievales

Ayer supe que con mi marido estamos esperando a nuestro cuarto bebé. Me invadió la calma y la felicidad cuando vi que el test de embarazo marcaba positivo. ¡Qué bendición los niños! Dios sabe hacer las cosas, de eso no tengo la menor duda. Hasta hace muy poco, cuando salía con mis tres hijos (el de cinco meses y el de 1 año y cuatro meses en coche mientras que el de 2 años y 8 meses camina a mi lado), me avergonzaba de la reacción de la gente en la calle. Desconocidos que se quedaban admirados del coche doble y luego totalmente desconcertados cuando se daban cuenta que no eran 2 si no que 3 niños. Otros que suponían que los 2 mayores eran mellizos y cuál sería su cara de espanto cuando les explicaba que tienen poco más de un año de diferencia. De alguna forma, la humanidad logra generar vergüenza en un acto tan hermoso y propio del ser humano: la paternidad. Por eso, había decidido cambiar mi postura. Y las últimas veces, cuando me miraban con cara de pánfilos, simplemente respondía que con mi marido amamos a los niños y que en ocasiones pensábamos en la gran bendición que sería tener un cuarto. Y así, fue como si Dios estuviera esperando que se me quitara la estúpida vergüenza y sacara la verdad a la luz del día. Pues heme aquí con el (la) cuarto (a) criatura en mi vientre.

Aún no le hemos dicho a nadie. Sólo lo sabe una antigua amiga de la familia que justo nos vino a visitar por unos días a Concepción. El “secreto” me hace sentir como una niña de nuevo. Como cuando me las ingeniaba para hacerle un regalo a mi madre y esperaba ansiosa que llegara del trabajo para darle tremenda sorpresa. Ya se dará la ocasión para compartir la hermosa noticia con nuestros seres queridos y me podré reír tal como una pequeñuela en brazos de su madre cuando ésta descubre su “secreto”.