let kids be kids

kids

Tengo una carcaza que impide que las personas se acerquen. No me gusta que se metan en mi vida. Jamás me ha gustado y durante demasiados años tuve que permitir que esa condición fuera violada. Por eso ahora defiendo mi privacidad con fuerza. Pero tampoco soy intocable, hay ciertas personas a las que les he permitido (para gran dicha mía) conocerme. Y son esas las personas que saben que con mi marido queremos hacer homeschool (educar en casa, educar en familia, unschooling, en fin, como quieran llamarlo). Pues bien, por mucho amor y cariño que haya de por medio, varios se han opuesto. Su gran argumento: el homeschool produce falta de sociabilización por lo que los chicos vivirán en una burbuja.

Sólo un par de cosas: no me vengan con que sólo en el colegio se sociabiliza. Las amistades no están limitadas a un establecimiento educacional y tampoco sé qué tanta sociabilización se puede dar en las aulas cuando los alumnos tienen que pasar gran parte del día sentados escuchando lo que dice el profesor.

En cuanto a la burbuja, pues bien, la vida no se agota en el colegio. Es más, el colegio no es nada comparado con la realidad. Si me preguntan a mí, todo lo que tuve que aprender de la vida lo aprendí fuera de clases. Los dolores más fuertes y las alegrías más grandes se me dieron en cualquier contexto menos en el colegio.

Dejando eso de lado, creo que siendo prudentes, es bueno que los niños vivan en una especie de burbuja. Que mantengan su inocencia y que ésta no les sea arrebatada por el mundo. Por muy cliché que parezca, hay demasiados casos de abusos sexuales, promiscuidad, drogadicción, alcoholismo y adicciones al tabaco en chicos jóvenes como para no preocuparme. NO, no quiero que mis hijos estén expuestos a eso hasta que tengan la capacidad de discernir y de tomar sus decisiones libremente. Si la persona no tiene el conocimiento, la madurez o la capacidad para absorber ciertas cosas, entonces no está listo para elegir porque será incapaz de elegir a consciencia. No sólo mis hijos, pero todo niño merece la oportunidad de vivir inocentemente. Es más, no hay nada más hermoso que conocer a personas de edad que aún mantienen esa inocencia tan propia de los niños. No son muchos los que tienen ese privilegio, pero por Dios que es bello toparse con esos especímenes. Por lo mismo, dentro de mis posibilidades, cuidaré y defenderé la inocencia de mis hijos hasta el último de mis días.

Como tan bien lo dicen los gringos: “let kids be kids”.