los pintores

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Al parecer el verano terminó por enfadarse. Ayer comenzó el día con un calor infernal. Sólo estar en el exterior y uno sentía el aire estático y caliente. Pues bien, resulta que pasado medio día, llegó la “camanchaca”. Nunca había escuchado el término, pero justo habían dos penquistas en casa que me explicaron que en Concepción nunca hace mucho calor. Cuando las temperaturas son muy elevadas, arremete la famosa “camanchaca” con sus vientos costeros, su niebla y su frío. Adiós al calor. Adiós al sol. Hoy parece día de otoño.

Pero le daré el mérito que seguimos en pleno verano y que el calor pronto regresará. Siguiendo con esa tónica, otro clásico panorama exterior es pintar. Por más que he intentado que nuestra casa sea el paraíso para los chicos, aún no logro encontrar un lugar adecuado dentro de ella para que puedan expresar sus dotes artísticas libremente. Soy fan de la témpera y de los niños sucios, pero de alguna forma ese gusto no se me hace muy llamativo cuando se traslada a sillones, muros y mesas. Por eso, aprovecho que los chicos usen sus pinceles en el jardín cuando el tiempo lo permite.

Benito ya había tenido la experiencia de pintar, pero esta fue la primera vez para Agustín. El pequeño miraba a su hermano para saber qué hacer. Con atención seguía paso a paso lo que Benito le iba indicando y fue creciendo la obra de Agustín. Pero su carácter pudo más que el arte. En el par de minutos que me demoré en ir al baño, Agustín había dado vuelta las témperas y figuraba tomándose el agua donde los chicos limpiaban sus pinceles. No niego mi espanto cuando lo vi, pero de alguna forma me contuve y dejé que siguiera experimentando. No quedó mucho de las obras de arte, pero me gusta pensar que quedó bastante de la experiencia.

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