el berrinche

DPP_0004

Hoy no fue un buen día. Lo peor fue la despedida. Agustín y Benito me armaron un berrinche de los mil demonios. Traté de calmarlos con buenas palabras y con amor. Cuando eso no funcionó usé la ira. Tampoco obtuve respuesta. Finalmente los dejé en su cuna sin cepillarles los dientes (cosa que al menos Benito disfruta enormemente) y sin el rezo de la noche (otra instancia que los chicos aman). Duele. Es cierto, hay días en que quizás no doy todo de mí, pero hay veces en que doy todo lo que puedo dar y no es suficiente. Y no es porque yo sea una mala madre o porque los chicos sean malos hijos. Simplemente hay días así y todos nos vamos a dormir con desazón y con ganas que llegue el próximo día para ir corriendo a darnos abrazos y regalonearnos.

Cuando me tocan ocasiones como estas tengo que controlarme. Por instinto iría corriendo al dormitorio de los chicos y los colmaría de besos y de amor. Pero si lo hiciera: ¿qué mensajes les estoy dando? Probablemente creerán que está bien o que es aceptable hacer berrinches cuando hay que realizar ciertas obligaciones. Los amo demasiado como para engañarlos así. Mientras los chicos tienen que ir aprendiendo el sentido de responsabilidad y respeto, yo debo ir sacando mi doctorado en paciencia y en comunicación infantil. Así, todos seguimos aprendiendo. 🙂

Advertisements