más mujer, mejor madre

mary

Me puse a leer un blog y a primera instancia, me sorprendió gratamente. Quien escribe, tiene chispa y, aunque admito que para mi gusto abusa de los garabatos, me agradó su ironía. No comparto con muchas de las ideas que leí en sus escritos, pero me hizo reír y creo que en parte eso es lo que dicha mujer busca con tanta sutileza del doble sentido. Si bien disfruté leyendo sus ocurrencias, algo me quedó dando vuelta. Incluso me llegó a molestar. En una parte habla sobre el tema de ser madre y tener que volver al trabajo después del post natal. Si bien admite extrañar a su hijo y el sentimiento de culpa que puedo entender que tantas madres sienten a la hora de dejar a sus hijos en manos de otras personas, sentí pena por sus palabras. Se nota que ama a su hijo pero cree que será mejor madre al no estar con él todo el día. Cree que será más “mujer” y más plena desarrollándose laboralmente en el área que escogió profesionalmente y que eso, indudablemente, hará que la relación con su hijo sea mejor y que su hijo la ame más porque conocerá a esa chica que ella era antes de tenerlo.

 No estoy diciendo que todas las mujeres deban quedarse en casa y no trabajar. Tampoco creo que la única manera de ser madre es estar con los niños todo el día. Y también entiendo que por diversas situaciones, hay mujeres que simplemente deben volver al trabajo. Lo que me apena de ella y de otras mujeres con las que he intercambiado palabras maternales, es el hecho de que sienten que es una locura quedarse en casa con los hijos. O, tal como dice esta “bloguera”, que son más felices y, por ende, mejores madres, al no tener a sus hijos cerca todo el día.

Cuando estaba esperando a mi primogénito me esmeré en leer cuanto pude para prepararme para el parto. Fui a clases especializadas en el tema, hice ejercicios que me ayudarían para el esperado día, tuve una matrona increíble que se dedica a promover el parto natural y compré cuanto “chiche” se puede encontrar para ayudarme a vivir ese momento. Pues bien, después de 4 hijos nacidos por vía vaginal puedo decir con soltura que el parto es sólo la puerta de partida. Las contracciones, el dolor, la vulnerabilidad y el inevitable quebrarse que implica traer un niño al mundo pasará a segundo (o quizás tercero o cuarto) plano una vez que tengas a tu hijo en brazos. Porque ahora sí que comienza el tango. El bebé no estará protegido en tu vientre. Escucharás sus llantos, sus caídas, sus alegatos de hambre y su desesperación cuando necesita amor. Y si Dios lo permite, ese pequeño irá creciendo. Y si pensabas que la cosa se ponía más fácil con los años, te equivocabas. Porque sus necesidades ahora serán más sofisticadas, tendrá más intereses, preguntará todo, querrá saberlo todo, estará pegado a quienes lo cuidan porque es a ellos a quienes más admira y quiere y de quienes quiere aprenderlo todo. Pero también será más independiente, te desafiará, intentará desobedecerte, pondrá a prueba tus límites.

Ayer estuve cerca de dos horas intentando tener 10 minutos para tomarme un café. No los tuve. Me tomé el café parada mientras andaba tras los chicos para que no se mandarán alguna embarrada (dícese de meterse en el basurero, golpear la lámpara del techo, tirarle la cola al gato, pegarse entre ellos, etc.). No todos los días son así y cuando tocan así tampoco es algo que dure todo el día. Pero habrán momentos en que parece que la locura no va a terminar nunca. En que uno querrá irse a encerrar a algún lado y simplemente dejar que los chicos vivan como monos. A veces uno involucionará y retrocederá a la edad de ellos. Y si algún pequeño está gritando, entonces uno gritará más fuerte para que vean que uno también puede entrar en su lógica. Y habrán días en que uno termina tan cansada, que no sabe cómo llega el momento en que están los niños durmiendo. Cierra los ojos y duda de todo. Duda de si se está haciendo lo correcto, de si se es una buena madre, de si el día de mañana los chicos lograrán encontrar la verdadera felicidad.

Es difícil ser padre. Quizás sea la pega más difícil del mundo. No me puedo imaginar con un desafío más acaparador y aterrador que este. De partida no depende 100% de nosotros ya que los niños son individuos que deben aprender a pensar y a desarrollarse por sí mismos. En segundo lugar, no creo que hagamos algo que nos importe tanto como el amor que tenemos por esos pequeños que pronto crecerán.

Lo que no puedo entender de personas como la escritora en cuestión, es qué les hace pensar que alguien que no sean ellos podrán educar y criar mejor a sus hijos que ellos mismos. ¿Cómo es posible que un extraño o incluso un familiar pueda tener la paciencia y amor de un padre? ¿Por qué le debe corresponder a otro conocer a nuestros hijos mejor que a nosotros mismos? ¿Qué pasa con la crianza cuando no está en manos de los padres? Incluso cuando se tienen personas con gran capacidad para amar a esos niños que no son de ellos, ¿qué genera esto realmente en los hijos? ¿Qué siente un niño cuando pasa gran parte de su día con un tercero que no es ni su padre ni su madre?

Tal como dije al principio, sé que hay madres y/o padres que simplemente deben trabajar. Lo que no justifico es cuando me dicen “es que así soy mejor madre/padre y me desarrollo mejor”. No, trabajar fuera de casa no te hace mejor madre/padre ni tampoco mejor persona. Amar a alguien no es un cuento de hadas. El verdadero amor no se vive en una nube, si no que en la tierra. Y duele y cuesta e implica un gran sacrificio y una entrega. Pero no es un sacrificio que genera arrepentimiento porque es por algo más grande que nosotros mismos. Sólo cuando logramos desprendernos de nosotros y de nuestras necesidades egoístas es que realmente estamos amando al otro. Muchos me han dicho que no viva sólo por mis hijos porque el día de mañana se irán. ¡Espero que así sea! Y que cuando llegue ese día se vayan felices, con la cabeza en alto y paso firme porque aunque jamás tendrán el futuro asegurado, sabrán qué es lo que realmente quieren de la vida y cómo llegar a esa meta. Luego viene la nefasta pregunta: ¿y qué será de tu vida después de eso? Pues mi jubilación. Si Dios nos da salud, seguir deleitándome con mi marido y seguir disfrutando de todo aquello que amo a su lado (dícese de la literatura, el vino, la buena comida, el cine, etc.). Después de todo, seguiré teniendo vida. Pero ahora les doy vuelta la pregunta… ¿qué pasará con esas personas que sólo han vivido para trabajar cuando llegue su jubilación?

 

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