día de la madre

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Mother and Child por B K Lusk

Hace 22 años perdí a mi madre. Le vino un derrame cerebral que el arrebató la vida en una semana. Tenía 10 años y sus últimas palabras fueron “te quiero, cuídate” mientras la veía partir en la camilla de la ambulancia. Fue la última vez que la vi con vida. Para despedirme, no pude hacer menos que besar el ataúd que se llevaba a la mujer más hermosa que jamás he conocido.

Ha pasado mucho tiempo. Con los años el corazón se fue endureciendo. Dejé de llorar diariamente por su ausencia. Poco a poco fui guardando las fotografías que mis manos ya conocían de memoria. Dejé de cuestionarme el “por qué”. Fui escondiendo la rabia en una caja de letras que a veces comenzaba a llenarse demasiado y salían disparados algunos escritos insanos sólo para volver a mantener el equilibrio de mi dolor oculto.

Pasaron aún más años y aprendí a ser feliz. Supe enamorarme de lo cotidiano y disfrutar con lo sencillo. Finalmente, comencé a vivir. Y con ello, tuve que aprender una vez más qué significaba amar a otra persona, los riesgos de confiar en los demás, saber desprenderse de uno mismo para realmente apreciar al otro. No fue fácil, de alguna forma sigue costando. Pero he tenido gente invalorable en mi camino. Dios se encargó de cuidarme rodeándome de personas maravillosas que lograron hacerle el peso a lo malo.

Es cierto que ya no lloro todos los días. Es cierto que ya no la recuerdo a diario. Pero siempre la he tenido presente en los momentos importantes. Desde el primer iluso e insensato amor, hasta el día en que conocí al hombre de mis sueños y me casé con él. La recordé y la necesité como loca cuando nacieron cada uno de mis hijos. Hoy que soy madre, la extraño a mares. Me imagino los consejos que me daría, el apoyo, la compañía. Las historias que compartiríamos y el goce que sentiría ella disfrutando de sus nietos.

Es el día de la madre y los distintos medios nos bombardean con emotivos mensajes. Aunque sé que detrás no hay más que una vil campaña publicitaria para fomentar el consumismo, no puedo evitar pensar en ella. Volverla a extrañar. Recordarla a través de mis borrosos recuerdos. Intentar sentir una vez más su olor, su risa, y escuchar en mi mente sus cálidas palabras. Sus manos que me hacían sentir tan segura. Luego su mirada triste cuando le venían las jaquecas que no se le aliviaban con nada; como último recurso me pedía que le pusiera mis manos siempre heladas en su frente.

No teníamos una relación perfecta, ¿quién la tiene realmente? Pero era mi madre y sin ella hoy yo no tendría la maravillosa familia que tengo. La amo y siempre lo haré. Por ahora me quedo con los destellos de memoria que me van quedando de ella y le agradezco a Dios porque me ha permitido conocer el significado de la palabra “madre” y recordar así a la mujer que me trajo al mundo.

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