acampando en casa

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Javier es un extraño espécimen. Quizás esa sea una de las cualidades que más me encantan de él y uno de los grandes motivos por los que me enamoré tan perdidamente como para querer pasar el resto de mi vida junto a él y formar la hermosa familia que tenemos. Con cariño, le llamo mi hombre renacentista. Tiene una notable cualidad en la que simplemente su mente se interesa por las cosas más dispersas. Desde la pesca, los acuarios, los trenes y las humanidades, hasta el trekking, el ciclismo y el camping. Lamentablemente por su profesión, estas últimas tres actividades no las puede desarrollar como él desearía. Sin embargo, hace un tiempo atrás se le ocurrió que podríamos ir de camping con los niños.

No soy una persona deportista ni menos aún una outdoor. Mi condición de citadina me provoca urticaria con sólo imaginarme la cantidad de bicharracos a los que me tendría que enfrentar en una condición como esa. Sin baño propio. Durmiendo en el suelo. Alejada de la electricidad. Pienso en los cavernícolas. Respiro profundo. Miro con espanto a mi marido. Sigo respirando profundo. Guardo silencio. Pienso… pienso y sigo pensando. Me imagino a los chicos disfrutando la compañía de sus padres. Durmiendo en sacos de dormir. Deleitándose con la noche estrellada. Maravillándose con una horrible cena hecha en una mísera cocinilla. Escuchando historias. Calentándose junto a la fogata. Haciendo caminatas en familia. Estando en contacto con la naturaleza. Embarrándose. Ensuciándose. Riendo. Absorbiéndolo todo. Guardando momentos. Generando recuerdos. Haciendo impacto.

Por si acaso, me rasco un poco los brazos y la cabeza, no vaya a ser cosa que eso de los bichos ya comenzó a atacarme. Abro los ojos. Finalmente le digo a mi marido, “vamos, llevémoslos”.

Así que en esa estamos. Preparándonos. Sí, somos así. Nos encanta eso de estudiar las cosas antes de hacerla. La vida nos ha demostrado que los libros no son la realidad. Pero por Dios que nos han ayudado a prepararnos para los desconocido.

Mientras aquello del camping no se haga realidad (digamos que aún nos falta un tema no menor: la carpa), mi querido renacentista se las ha ingeniado para darles algo de la magia del camping a los chicos. Improvisando con frazadas, sillas y un saco de dormir, les creó una pequeña carpa casera en la cual los niños disfrutaron jugando una buena parte de la tarde.

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