llanto

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Sé que Internet puede ser una maravillosa herramienta. Si no pensara así, cometería un sin sentido enorme al utilizarlo. Pero también presiento que tiene sus cosas nefastas. No he evaluado qué pesa más: si lo positivo o lo negativo. Pero lo cierto es que ahora quiero centrarme en un aspecto en particular. Internet, como muchas otras cosas en la vida (pensemos un poco en materias tan dispersas como un documental, una tesis, un artículo periodístico, etc.) nos muestra una parte de la realidad. Es más, nos da a conocer sólo aquello que el publicador quiere que conozcamos.

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Como madre, veo que existen innumerables páginas Web y blogs de otras madres alrededor del mundo. Casi siempre muestran con orgullo su descendencia y lo maravilloso que es tener hijos. Abundan las fotografías de hijos sonrientes, días de sol o de maravillosas actividades hechas en familia. ¡Woohoo! Estoy totalmente a favor de todo eso. Yo misma lo hago. Porque es obvio, amo a mis hijos y sí, estoy total y absolutamente orgullosa de cada uno de ellos y quiero que les quede plasmado eso en un pequeño cofre virtual al que puedan acceder en el futuro. El dilema es que cuando una madre cualquiera, digamos yo, se pone a leer blog tras blog y lo único que ve es felicidad…bueno, entonces uno comienza a dudar de sus dotes maternales.

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Lo cierto es que con los chicos tenemos nuestros momentos… algunos buenos, otros no tan buenos y otros, de frentón, nefastos. Y a veces no son momentos. Puede ser un día, una semana, un mes o un período. En ocasiones no estoy en la misma frecuencia que mis pequeños. Y me frustro, lloro, dudo, me culpo y pierdo la paciencia de maneras que jamás quisiera perderla. En ocasiones son ellos los que no están en sintonía con su mamá. Y les vienen los arrebatos, las desobediencias, los llantos incontrolados y el caos total. La verdad, es que muchas veces no lo pasamos bien. ¿Los dejo de amar en esos momentos? Ni por un segundo. Aunque a veces me falte espacio y aire, sigo queriéndolos con ímpetu y no puedo imaginar sintiéndome de otra manera frente a ellos.

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Como siempre pasa después de los momentos arduos, viene la calma. Los abrazos, los besos, las promesas de cariño eterno. Ahhhhh y las sonrisas, la felicidad y, por supuesto, la cámara fotográfica para recordar cada uno de esos bellos momentos. Generalmente las fotografías de quienes queremos reflejan belleza, porque es así como queremos recordarlos y como queremos que ellos se vean a sí mismos. Pues bien, he decidido también mantener un registro de los malos momentos. Porque se lo merecen, porque el dolor también es parte de la vida y porque de alguna forma estoy feliz que mis hijos pasen por esos momentos y que tengan la fuerza para no quedarse estancados, para ser felices aunque no todo sea siempre felicidad. Así que aquí va, nuestra oda familiar dedicada a las lágrimas por medio de fotografías caseras. Para que ni ellos ni yo olvidemos que también pasamos por nuestros momentos bajos :).

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