kumon

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Una vez establecido lo obvio (amo los libros), debo admitir que no es fácil vitrinear, leer y elegir libros para avanzar en la educación que le queremos dar a los chicos en casa. Queremos que sean bilingües, por lo que siempre estoy buscando libros en inglés en Amazon (no compro muchos libros de educación en español básicamente porque creo que al ser su lengua nativa, irán aprendiendo los conceptos en español por sí solos).

Pero eso no es suficiente para limitar el universo de material disponible. Es más, estoy segura que se ha editado infinitamente más sobre educación en Estados Unidos que en todos los países de habla hispana juntos. Así que hay para todos los gustos. Con J, mi marido, estamos tratando de brindarles una educación a los chicos que cumpla con los contenidos mínimos del Ministerio de Educación chileno. Pero queremos algo más que eso. Queremos que los pequeños realmente aprendan a amar el estudio. Queremos que su curiosidad innata los lleve a cuestionarse todo y a querer saberlo todo. Queremos que ese mismo ímpetu los guie para que siempre sean capaces de encontrar la Verdad.

Ya he escrito sobre esto anteriormente (véase la entrada let kids be kids), pero no puedo evitar repetirlo. Muchas personas que han sabido sobre nuestro proyecto de educar en casa temen por la falta de sociabilización que tendrán los chicos y lo poco preparados que estarán para el mundo. Pues bien, ante eso, 2 cosas, la sociabilización de una persona no pasa necesariamente por un recinto educacional formal (¿por qué tiene que ser el colegio el único ente socializador?). En segundo lugar, no nos interesa preparar a los chicos para este mundo. Mirando las cosas fríamente, no es como que el mundo ande muy bien. Quizás queremos que vivan como nunca vivimos nosotros: con las miras en Dios, reconociendo la Verdad y amando el mundo no por el mundo en sí si no por el regalo que Dios nos ha dado.

Y con todo eso en mente, viene otro factor más. No queremos reproducir la educación que entregan los colegios (de ser así, sería más fácil enviarlos a cualquier colegio ¿no?). Esto principalmente porque queremos mantener vivo el interés de los chicos. Queremos que no pierdan la chispa que tienen hoy. Si los tapizamos con formalidades el aprender pasará a ser una vil “tarea” y como tal, será, indudablemente, despreciada. Si, en cambio, logramos que el aprendizaje se haga con pasión entonces la educación pierde su connotación tediosa y aburrida y pasa a ser un juego.

Por lo mismo, he tratado de tener cuidado a la hora de comprar material. He tenido algunos bajones en los que más habría valido poner esos dólares en el basurero. Pero dentro de todo, creo que hasta el momento no nos ha ido tan mal con la elección de libros. Uno de los últimos que compré son los “Kumon Worbook”.Es la historia de un padre y profesor japonés (Toru Kumon) que en su momento se vio enfrentado al desafío de enseñarle a su hijo matemáticas ya que estaba atrasado para su nivel escolar. Así, el señor Kumon se las ingenió para hacerle pequeños ejercicios de 20 minutos diarios a su hijo. Con cada ejercicio la materia se iba poniendo más difícil, por lo que Takeshi, el hijo, no sólo fue aprendiendo por sí solo si no que también fue ganando confianza. Como es de esperarse, la historia tiene un final feliz, Takeshi logró hacer cálculo cuando aún estaba en sexto básico. Ha sido tal el éxito del método del Señor Kumon, que no sólo tiene libros, también cuenta con “Kumon Centers” en algunos lugares.

Pues bien, se me hizo atractiva la idea del aprendizaje por sí solo. Algo parecido un poco al método Montessori. Así que compré varios workbooks y la verdad es que me ha ido bastante bien con Benito. En algunas cosas lo dejo 100% solo (como en el caso de aprender a cortar y de aprender a escribir las letras mayúsculas), pero en otros casos lo voy guiando ya que aún le falta aprender más (en el área de los números aún estamos aprendiendo a aprender juntos).

Me ha sorprendido gratamente el señor Kumon. Tenía mis dudas respecto a qué tan buenos serían los libros ya que trato de evitar el tema de las hojas de trabajo (worksheets, lo escribo en inglés porque no estoy segura de estar haciendo bien la traducción). Pero la verdad es que se escapa bastante al trabajo tradicional. A demás, no puedo dejar de mencionar la calidad de las hojas y la atractiva estética que tienen los libros.

En las actividades que más disfruta Benito, tengo que pararlo y decirle que sigamos mañana. Porque creo que si fuera por él, estaría todo el día haciendo lo mismo. Ahora bien, falta motivarlo más en las áreas que aún no le interesan mucho. Pero supongo que ese trabajo me corresponde a mí y no al señor Kumon. Quizás algunos educadores en casa más progresistas me dirían que no fuerce a Benito a indagar en las temáticas que no son de su interés y que solo preguntará por ellas cuando esté listo. Me encantaría tener esa mentalidad, pero también debo ser fiel a quien soy. Quizás en unos años más logre ese nivel de relajo. Por ahora, Benito tendrá que afrontar las consecuencias de ser el primogénito (con todo lo bueno y lo malo que eso pueda acarrear).

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