¡espuma!

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Siguiendo con los panoramas de verano… Me cuesta salir de casa. Gracias a Dios tengo los medios para movilizarme con los 4 chicos, pero la verdad es que aún no se me hace tan fácil ni cómodo debido a que Pío está muy pequeño (cumplirá 6 meses en febrero). Mi marido trabaja así que tampoco puedo pedirle que falte a sus labores para que nos acompañe en aventuras fuera de casa. Básicamente las salidas las dejamos para algunos fines de semana o cuando tenemos visitas.

En el día a día me encuentro en casa con los chicos. Como toda madre sabe, eso puede ser un poco complicado cuando se tienen niños que lo único que quieren es experimentar nuevos y emocionantes sucesos. Intento hacer lo que se pueda con lo que tengo. Y ahí es donde el calor vuelve a darme una mano (¿seré muy mal agradecida por no querer al verano a pesar de todos sus beneficios?).

En invierno uno baña a los niños lo justo y lo necesario. No deben estar mucho rato dentro del agua porque sus cuerpecitos se pueden enfriar. Y cuando los sacamos de la tina, lo hacemos a la velocidad de la luz para que el cambio de temperatura no les haga daño (o al menos eso dicen que hay que hacer, admito que quizás soy demasiado despreocupada en este último punto). Pero en verano, ahhhh, la cosa cambia. Largos de baños de espuma acompañados de los juguetes adecuados. Para felicidad mía, mis hijos también tienen la opción de acompañarse entre ellos. Los baño de a dos. La espuma por sí sola basta para darles varios minutos de entretención. Luego, los juguetes… y más encima la amistad que comparten entre ellos. Eso es suficiente para que estén bastante rato entretenidos sin mayores preocupaciones para esta madre. Por supuesto que no les saco los ojos de encima (sentido común: están en un espacio con agua), pero mientras los chicos estén felices, también lo estoy yo. Y todos nos relajamos.

No exagero cuando digo que los peques han pasado casi una hora metidos en la tina. Cuando las temperaturas están sobre los 25 C no me tengo que preocupar de la temperatura del agua ni que ellos estén pasando frío. Los dejo disfrutar y jugar. Eso sí, debo advertir, dos inconvenientes: el piso del baño quedará hecho una piscina y, para terminar, la salida de la tina será una batalla campal. Los niños se entretienen tanto, que después no quieren salir. En ocasiones se producen algunas discusiones familiares subidas de tono (yo tratando de hacerlos entrar en razón mientras ellos gritan por sacarlos del agua), pero nada que un buen beso de buenas noches no pueda solucionar.

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