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Recuerdo que mi niñez fue bastante solitaria. Si bien es cierto que tenía (y gracias a Dios aún tengo) dos hermanos, jamás compartimos mucho nuestros mundos. Siendo ellos hombres y yo la única mujer y más encima la menor, simplemente no coincidíamos en nuestros juegos. Tengo uno que otro vago recuerdo de mi hermano del medio jugando conmigo o, cuando ya era más grande, los tres jugando “La gran capital” hasta que el mismo hermano del medio se desesperaba porque iba perdiendo y lanzaba lejos el tablero que nos había acompañado durante días. Pero esos recuerdos los siento como excepciones que disfrutaba al máximo cuando se daban. Lo que si tengo como una constante es estar sentada sola en el piso de mi dormitorio jugando con mis muñecas. Inventando mundos, historias y dramas que dejarían chico hasta a Corín Tellado. Sí, había momentos en que me sentía sola o en que me aburría de mis propias historietas, pero generalmente lograba pasar el día entretenida jugando. Lo que no logro percibir es desde qué edad son esos recuerdos.

Hoy veo a mis hijos y los dos más pequeños (Agustín de 21 meses y Francisco de 10 meses) logran entretenerse gran parte del día. Hay momentos en que necesitan a su madre, y por supuesto que ahí trato de estar (dentro de lo que una casa, 3 hijos y un embarazo me permiten), pero también puedo confiar en que no requieren que su madre esté todo el día con ellos. Sin embargo Benito, de 3 años, es otra historia. Cuando quiere puede jugar solo o con Agustín, pero lo cierto es que es extremadamente dependiente de su madre. No puedo echarle la culpa a él, seguramente se ha dado porque siendo el primero y yo viniendo de la familia que vengo, lo he sobreprotegido con creces. Es un niño encantador, con un corazón de oro y con una gran capacidad para percibir las cosas. Pero si su madre no está 100% pendiente de él, se transforma. Se pone irritable, llora, pelea, hace destrozos. Cualquier cosa para llamar la atención. He intentado retarlo, castigarlo, hablarle calmadamente e ignorarlo. Lo único que algo me ha servido es el ignorarlo (digo más o menos porque en ocasiones sirve y en otras el llanto simplemente no cesa). Para colmo, su frustración se traspasa a los más pequeños. Finalmente termino con tres niños llorando sin que ninguno tenga un motivo real para hacerlo.

He aquí mi confesión: en mi desesperación he recurrido a la televisión. Nada contra ver una serie o una película de vez en cuando, pero en el último tiempo he pegado a mis chicos a la pantalla. Me ha permitido tener algo de tiempo para mí, tenerlos a ellos tranquilos y hacer las cosas que se requieren para al menos mantener una casa decentemente. Pero ayer mi marido se dio cuenta que la situación se está saliendo de las manos. Los chicos no están siendo niños. Francisco es el que más se salva porque al ser tan pequeño no tiene tanta capacidad de concentración. Agustín de vez en cuando se aburre y sale al jardín a explorar (cosa que debería estar haciendo gran parte del día). Benito por su parte, comienza a perder la capacidad de imaginar. Pide una y otra vez las mismas películas. Al sabérselas de memoria, ya no las mira. Pero de alguna forma explota si se las cambio (cosa que igual hago para que no se quede pegado con lo mismo). Para colmo, cuando juega lo que hace es imitar lo que ve en la TV. Sí, se ha transformado en un problema. Quiero revertir la situación. Mi marido me ha dicho que deje más de lado la casa, la verdad es que no sé si pueda hacer eso (objetivamente hago lo mínimo para que la casa pueda seguir funcionando), pero lo que sí puedo hacer es ingeniármelas para encontrar nuevas actividades para que los chicos hagan.

Indagando en el oráculo (a.k.a. Google), encontré algunas ideas que proponen otras madres de familias numerosas (debo admitir cierta vergüenza al ver que hay mujeres que tienen el doble o más de hijos que yo y parecen no colapsar, pero bueno, cada quien tiene su carácter).

He aquí algunos descubrimientos que puedo agregar a los que ya había escrito en otra ocasión (para revisar el antiguo post, ver aquí):

  1. Que los chicos escriban un libro. De acuerdo, esto con suerte lo podría hacer Benito a estas alturas ya que los otros dos están demasiado pequeños. Pero quizás podrían inventar una historia con dibujos hechos por ellos o con recortes de revistas. Habrá que intentarlo.
  2. Actuar un libro. La idea me parece fascinante, pero me falta que al menos uno de ellos hable. De lo contrario, quizás se pueda reemplazar si la mamá (ejem, YO), actúa y ellos me imitan.
  3. Comprarles libros con audio. Nunca lo he hecho, pero sí les leo bastante durante el día, especialmente a Agustín que ha descubierto hace poco el encanto de la literatura.
  4. Hacer una casa club (en el jardín o en la casa). Esta idea me gustó mucho. Creí que los chicos disfrutarían mucho metiéndose en una carpa casera. La verdad es que a Francisco le encantó, Benito simplemente la miró y mi querido Agustín fue corriendo para abalanzarse sobre ella (tiene una fascinación por las sábanas, almohadas, plumones, colchones y todo lo relacionado con el dormir… no puede evitar NO tirarse encima).
  5. Hacer una obra de teatro con títeres o peluches. Genial, aunque nuevamente, por la edad y la falta de lenguaje, tendré que ingeniármelas yo. Pero sé que lo disfrutarán.
  6. Hacer un picnic o una fiesta de té en la casa o en el jardín. ¡Sí!
  7. Que jueguen con plasticina. ¡Genial!
  8. Que ayuden a hacer las labores de la casa. Con Benito es con el único que por ahora me funciona. Aunque al poco rato empieza a limpiar a su manera, admito que lo disfruta.
  9. ¡Bailar!
  10. Que hagan obras de arte. Nada mejor los Picassos infantiles. Hoy me auto-regalé el primer cuadro de Benito hecho con plumones (siempre usa crayolas o témpera).
  11. Invitar a un amigo o amiga de los chicos.
  12. Cambiar los muebles de sus dormitorios de posición, dejando que ellos decidan el orden de éstos.
  13. Que hagan cosas con cajas de cartón (pueden ser castillos, barcos, naves espaciales, etc.)
  14. Esconderles cosas y que tengan que ir a buscarlas haciéndoles un mapa escrito o con dibujos si no saben leer. TENGO que intentarlo.
  15. Que ayuden a cocinar. La idea me parece genial, pero aún no logro encontrar algo en lo que puedan ayudar siendo tan pequeños, más que mal, la cocina está llena de peligros.
  16. Que no hagan nada. Entiendo el punto. La vida no es jauja y es bueno que ellos aprendan a tener iniciativa propia… sólo pido la paciencia que no tengo para no colapsar en el intento.

Esto es lo que he encontrado por ahora. Seguiré buscando, indagando, leyendo y preguntando. Porque bueno, con los chicos, uno puede partir con la idea de hacer algo determinado y resulta que ese algo termina en cualquier cosa menos en lo que debía ser. Admito que a veces me frustro un poco con eso, pero todo el malestar se disipa cuando veo lo bien que lo están pasando ellos. Después de todo, esto de las actividades es para que ellos se entretengan y, si se puede, aprendan compartiendo.

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