silencio

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Benito no habla. En marzo cumple 3 años y no dice nada. De acuerdo, falso, dice “mamá”, “papá”, “bzzz” y “moooo”. Emula (de alguna extraña forma sin modular logra hacer el sonido) el ruido de los buques (toooot) y de cualquier medio de transporte (vrooom, choo-choo, etc…). Pero lo cierto es que prácticamente no habla. Se comunica a la perfección. Pocas veces no logro entenderle y menos veces aún él no me entiende a mí. Lo he puesto a prueba pidiéndole que me traiga ciertas cosas, diciéndole que me señale ciertos objetos en los cuentos que leemos e incluso preguntándole sobre ciertos juguetes que tiene (por ejemplo: Benito, ¿cómo habla tu conejo? Y Benito hace los sonidos de su conejo). Eso me lleva a dos buenos panoramas: 1. Benito no es sordo y 2. Benito se comunica aunque no hable.

De todas formas, a veces me entra el pánico. Agustín fue un bebé prometedor. A los 6 meses ya me decía mamá. Ahora, imitando a su hermano mayor, se ha quedado estancado en el método comunicacional de Benito. Me imagino que de seguir así, Francisco seguirá los mismos pasos. ¿Cómo revierto la situación? He intentado ignorarlo cuando me pide algo a pesar de que se pone a llorar. No ha servido de mucho, se va con su pena y decide hacer otra actividad pero no abre la boca. También he intentado ponerme a su altura y modular una y otra vez el objeto que me pide. Me mira y no dice nada. Es más, ni si quiera intenta hablar.

Mi marido no quiere violentarlo. No quiere someterlo a una larga lista de exámenes para que los médicos no se pongan de acuerdo si quiera en qué puede tener Benito. La verdad es que yo tampoco. Hace un par de días fui al otorrino y aproveché de preguntarle por la situación de Benito. Me explicó que había que hacerle un examen de audición en el que el pequeño se queda dormido y le hacen el procedimiento (se supone que no duele ni un ápice). Y ¿cómo se hace dormir al niño? le pregunté ingenuamente al doctor. Respuesta del terror: se le prohíbe dormir durante toda la noche y en la mañana se le lleva a la clínica. La pobre criatura estará tan cansada que simplemente se quedará dormido en cualquier lugar. De acuerdo, conozco a mi hijo. NO se quedará dormido en cualquier lugar. Y para colmo, sufrirá y llorará porque no entenderá qué están haciéndole. Benito es un niño nervioso, sensible, tímido, introvertido y asustadizo. Será un condenado trauma hacerlo pasar por eso. Si realmente es necesario, lo haré porque creo que a veces el bien buscado es mayor al mal rato pasado. Pero mientras no esté segura de eso, no puedo atentar de tal forma contra mi hijo.

La próxima semana los chicos tienen control con el pediatra. Le comentaré la situación a ver si me recomienda algún fonoaudiólogo. No pierdo nada con preguntar, pero por ahora debo velar por la integridad de mi hijo, sobre todo si no veo que sea un niño enfermo. Algo me dice que Benito simplemente se está tomando su tiempo. Hizo lo mismo para gatear, luego para caminar y hoy quizás para hablar. Siempre le pregunto a mi marido ¿cuál es el límite? ¿ Hasta cuándo esperamos? Pero quizás no se pueda determinar una fecha exacta, quizás no sea una cosa de cuántos años tiene Benito… quizás sólo tenemos que conocer a nuestro hijo y estar atentos a que si tiene algún comportamiento extraño entonces pedir ayuda profesional. Pero mientras eso no pase, darle su tiempo y amarlo por quien es.

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