navidad

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Me volví loca. No soporto las aglomeraciones de personas, así que en noviembre comencé a comprar los regalos de Navidad. Y me desquicié. Tengo 3 hijos y hay regalos guardados como si tuviera 6 (aunque creo que mi marido debe pensar que ese número en realidad es mayor). Tengo 1001 excusas para defenderme, pero no lo haré. Porque las excusas son mías. Lo cierto es que los pequeños recibirán muchos más regalos de los necesarios. Y todo eso me hace pensar en algo básico: el verdadero significado de esta fecha. Sé que es un tema ultra manoseado, pero de alguna forma es tan fácil olvidarlo. Estamos celebrando el nacimiento de Cristo. Y si nuestros corazones no están puestos en eso, entonces el árbol navideño, la cena, los regalos e incluso el pesebre no tienen sentido alguno.

Mi marido lleva un año convenciéndome que los chicos no deben creer en el Viejito Pascuero. ¡Ouch! Esa fue una de las ilusiones más grandes de mi niñez. Mis padres no hicieron nada para fomentarme la magia, es más, eran bastantes insípidos, pero de alguna forma crecí creyendo. Hasta que a los 7 años me dijeron, en pleno invierno (ojo que estamos en el hemisferio sur por lo que estamos hablando del mes de julio) que el Viejito Pascuero no existía. Recuerdo que no dije nada. No lloré, no pedí explicaciones, simplemente callé porque en ese momento entendí que tampoco existía el ratoncito de los dientes ni el conejito de Pascua de Resurrección. Y así, en un segundo, se desvanecieron mis mundos imaginarios. Me ha costado aceptar el razonamiento de mi esposo. Lo hemos discutido en varias ocasiones. Pero al final del día, muy a pesar de mi orgullo, creo que tiene razón. Por supuesto que la historia de San Nicolás es notable y compartirla con los chicos es loable… pero no quiero que se queden con la idea que yo tuve en mi cabeza durante mi infancia: que Navidad era sinónimo de regalos. El Viejito Pascuero actual no es San Nicolás, es simplemente un engendro creado por el mercado para fomentar el consumismo.

Lo ideal sería que Navidad fuese el primer día del año en que abrimos nuestros corazones. Que nos incentivara para que durante todo los días restantes del año dejáramos de lado nuestras hipocrecías, nuestra ambición, nuestro ego y ambiciones y simplemente viviéramos entregándonos a los demás. ¡Qué fácil se lee en la tinta y tan complejo en la práctica! Somos demasiado humanos, y es por eso que tenemos que apoyarnos en Cristo, sólo él nos puede iluminar en este mundo que en ocasiones parece un callejón sin salida.

Doy gracias a Dios porque al menos Benito (recién cumplirá 3 años en marzo) ha entendido que en Navidad celebramos el nacimiento de Cristo. Cada vez que ve un arbolito de Navidad me apunta a alguna imagen de Jesús o a la Cruz y, de pasada, le tira un beso. La tarea no le corresponde a mis hijos si no que a mí. Porque quizás a quien más le cueste entender el dilema de los regalos sea a la madre y no a los críos. El pasado a veces nos tira tanto peso sobre los hombros, que nos cuesta caminar hacia el futuro. En ocasiones lo mejor es sacarse la mochila y crear nuevos recuerdos.

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